Denominamos imprenta al método mecánico destinado a reproducir textos e imágenes, esencialmente, sobre papel, también sobre tela u otros materiales; en estos casos lo denominaremos con otros nombres: serigrafía, flexografía, el huecograbado, el alto grabado, la fotografía electrolítica, la fotolitografía, la litografía, la xerografía y los métodos digitales. Consiste en aplicar una tinta, generalmente oleosa, sobre unas piezas metálicas, los tipos, para transferirla al papel por presión. Aunque comenzó como un método artesanal, su implantación trajo consigo una revolución cultural. Finalmente la imprenta sobre papel evolucionó a la impresión offset.

Hasta 1450 y aun en años posteriores, los libros se difundían en copias manuscritas por escritores, muchos de los cuales eran monjes y frailes dedicados exclusivamente al rezo y a la réplica de ejemplares por encargo del propio clero o de reyes y nobles. A pesar de lo que se cree, no todos los monjes copistas sabían leer y escribir. Realizaban la función de copistas, imitadores de signos que en muchas ocasiones no entendían.

En la Alta Edad Media se utilizaba la xilografía en Europa para publicar panfletos publicitarios o políticos, etiquetas, y trabajos de pocas hojas; para ello se trabajaba el texto en hueco sobre una tablilla de madera, incluyendo los dibujos, era más bien un trabajo de artesanía.

Cada impresor fabricaba su propio papel, estampando una marca de agua a modo de firma.

En este entorno, Gutenberg apostó a que era capaz de hacer 150 copias a la vez de la Biblia en menos de la mitad del tiempo de lo que tardaba en copiar una el más rápido de todos los monjes copistas del mundo cristiano y que éstas no se diferenciarían en absoluto de las manuscritas por ellos. Así comenzó su reto sin ser consciente de lo que su invento iba a representar para el futuro de toda la humanidad.